Con el final del invierno, las primeras yemas abiertas señalan el inicio de una nueva etapa en el ciclo de la vid.
Septiembre llega acompañado por un aumento progresivo de las temperaturas y el viñedo comenzó a retomar su actividad. En estos días ya pueden observarse los primeros brotes, una señal visible del inicio de un nuevo ciclo vegetativo.
Después del período de reposo invernal, las yemas que permanecieron latentes durante los meses más fríos comienzan a desarrollarse. De ellas surgirán los nuevos brotes que darán origen a las hojas, inflorescencias y, más adelante, a los racimos de una nueva cosecha.
Este momento marca una etapa especialmente importante para el trabajo en el viñedo. El desarrollo de la planta estará condicionado por las características climáticas de las próximas semanas, particularmente por las temperaturas y la disponibilidad de agua. El seguimiento de cada parcela es fundamental para acompañar el crecimiento de la vid y tomar las decisiones necesarias en cada momento.
El despertar del viñedo también vuelve a poner en movimiento un proceso que se repite cada año, aunque nunca de la misma manera. Cada temporada comienza con sus propias condiciones y plantea nuevos desafíos para quienes trabajan con la vid.





Registro fotográfico del lunes 7 de setiembre, viñedo de Melilla, Montevideo – Bodega Bouza.